Hildegard von Bingen

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Considerada por los especialistas actuales como una de las personalidades más fascinantes y polifacéticas de la Baja Edad Media, entre las figuras más ilustres del monacato femenino y poseedora de una amplísima cultura.

Es importante tener en cuenta que en el siglo XII la Iglesia Católica dominaba la vida de ricos y pobres, controlando todos los aspectos de la misma, desde el nacimiento a la muerte (incluso más allá). Los líderes espirituales que controlaban la Iglesia buscaron siempre eclipsar a las mujeres, manteniéndolas lejos del poder. En este contexto, destacaría Hildegarda von Bingen, desafiando el dominio tradicional de los hombres.

Nacida décima en una familia de la nobleza baja, Hildegard von Bingen fue criada en la vida religiosa. A los 12 años, la enviaron al monasterio de Bisibodenberg. Dirigido por monjes, incluía un pequeño pero estrictamente segregado convento. Allí pudo aprender latín y teología, una educación que habitualmente no estaba a disposición de las mujeres. También se formó en medicina herbal, convirtiéndose en enfermera del monasterio.

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Desde su infancia, Hildegard experimentó visiones religiosas, que se fueron haciendo más intensas. Tenía claro que era su misión hacer llegar estas visiones a la gente y, por ello, debía escribir sobre ellas.

Tras la muerte de la abadesa, Hildegard se haría cargo del convento. Sería este el momento para escribir sobre sus visiones. Tras convencer al abad del monasterio, su superior, dictó sus visiones a un monje, que las traduciría al latín. El libro resultante, el Scivias, cuenta con más de 150.000 palabras y recoge diversas visiones de la monja.

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Alentada por su éxito comenzó a escribir también sobre música, medicina, naturaleza y sobre el cuerpo humano, incluido el sexo, tema tabú para las monjas. Poco después, en torno a 1165, decidiría dejar atrás Bisibodenberg y fundar su propio convento. El sitio elegido estaría muy cerca de la ciudad de Bingen, de la cual tomaría su nombre.

En cuanto a lo musical, muchos de sus trabajos son conocidos hoy en día, algo inusual para la música escrita en época medieval. Éstos incluyen himnos – para honra de la Virgen María y los santos, escritos en canto plano, donde la voz sigue una línea melódica única- y antífonas -cantos donde partes del coro se responden unas a otras.

La obra musical de Hildegarda fue muy prolífica. La importancia que para ella tenía la música se puso de manifiesto sus escritos, donde explica que el canto es una manifestación del espíritu divino del hombre.

Si bien emplea la técnica monofónica, el melisma y la notación propias de su época, la música hildegardiana se diferencia por el uso de amplios rangos tonales. Son obras que abarcan amplios registros, con melodías muy trabajadas, donde la música es tan importante como la poesía. La totalidad de las obras musicales de la profetisa fueron creadas para las necesidades litúrgicas de su propia comunidad, así como para la didáctica teológico-moral. O-vis-eternitatis-de-Symphonia-armonie-celestium-revelationum.-382x400

Hildegarda von Bingen compuso 78 obras musicales, agrupadas en  (Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestes). Además, compuso un auto sacramental musicalizado, llamado Ordo Virtutum (Orden de las Virtudes). Se trata de un oratorio cantado por mujeres – el único papel masculino es el del Diablo-. Se cree que estos trabajos eran interpretados en sus conventos.

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